Lost: Agarrate a la brocha, que me llevo la escalera.

24 05 2010

Llevaba tiempo vaticinando que Lost era una serie en la que cada capítulo era una ida de pinza, que tan solo te metian incógnitas y que era imposible resolverlo todo con un final que no dejará a todos los fans aporreando sus televisores y trolleando en los foros.

Extraído de un fan de verdad, según él: “de los pocos que vinos en su dia el capitulo piloto y dimos la voz de alarma, !cuidado, no os perdáis esto!”

Perdón. Me veo en la obligación de agachar las orejas y aceptar la merecida reprimenda, pues yo fui uno de los primeros tripulantes del Oceanic 815. Los primeros capítulos de la serie no importaban a casi nadie. Éramos muy pocos los que nos sentimos atraídos por la mitología del superviviente y la mística de la redención, de la última oportunidad. La pólvora corrió rápido y los cuatro o cinco que vimos el episodio piloto, dimos la voz de alarma: No os perdáis esto, os va a encantar. Y aquél final, con el secuestro de Walter… Cosa de genios.
Temporada a temporada os fuimos convenciendo de que ‘Perdidos’ merecía la pena y, al final, quedamos, incluso, para ver capítulos juntos. “Live toghether, die alone”, ya saben. Y fuimos nosotros los que, cuando la serie perdió el norte y cada capítulo era una nueva paranoia os arengamos con un discurso profético: “No perdáis la fe. No nos van a fallar”.
Pero lo han hecho. Lindelhof y Cuse, los últimos creadores de la serie, lo han hecho. Nos han fallado estrepitosamente con un final que hunde, por completo, todo el trabajo de seis años.

La magia de Perdidos estaba en la sabia mezcla de ciencia y espiritualidad. Una confrontación apasionante encarnada en los personajes de Jack y Locke. Y funcionaba porque eran dos elementos que convivían y se necesitaban. En el momento en que uno de los dos desaparece, todo lo demás se va al traste. La sexta temporada perdió la razón.
¿Cuál es la verdad que más nos duele del final de Perdidos? Que el maldito grupo de Facebook de ‘Yo también creo que al final de ‘Perdidos’ se despertará Antonio Resines de un sueño’, tenía razón. Después de miles y miles de teorías apasionantes, los guionistas arreglan un final escrito por una mano que no sabía seguir. Quizás ése haya sido el problema: que había tantas ideas buenas rulando por Internet, que los guionistas decidieron hacer algo que nadie se esperara. Algo, por tanto, que no tuviera sentido.

Como espero que sepan, al final resulta que todos están muertos. Eran almas en pena esperando para hacer su último viaje, a través de las puertas del Cielo. No les discutiré que el capítulo ha sido muy bonito. Emotivo. Pero es que era demasiado fácil hacerlo emotivo. Lo difícil era contar un final. Y si no, imaginen un grupo de personas (reales o ficticias) a las que les tengan cariño. Hagan un vídeo con una música que apela a lo más profundo (Giacchino, menos mal que estabas allí) en el que esos personajes (su equipo de fútbol, su familia, los Simpsons; da igual) se cojan de las manos con imágenes de cómo se conocieron, rememorando toda su historia (nuestra historia). Efectivamente, todos emocionados.
Durante seis temporadas nos han ido poniendo nuevos enigmas constantemente. Uno tras otro, sin resolver el anterior. ¿El resultado? Los guionistas llegan al final con tanto trabajo por delante que optan por el lado oscuro de la Fuerza (más rápido, más fácil, más sencillo): la religión. No, amigos. Nada importa: ni las escotillas, ni Dharma, ni qué cojones le pasa por la cabeza a Benjamin Linus ni por qué hace lo que hace, ni la isla, ni lo que hay debajo del pie de una estatua que no sabemos cómo llegó allí, ni la señora que se postuló como madre de Jacob y el otro, al que ni siquiera le han dado nombre, ni los experimentos, ni los intereses del Withmore, ni el amor de Penny y Desmond, ni you all everybody, ni la tienda de pollo de Hugo. Todo da igual. Porque en el fondo del mar, matarilerilerile, hay un tapón que si se pone, se arregla todo, todito, todo.
¿Y esa batalla en la lluvia entre Neo Jack y el Agente Smith Locke? De hecho, el parecido con Matrix es monumental: una primera parte histórica y un final del que no se sabía como salir.

Ahora bien, dinero sacarán a espuertas: primero con la edición extendida del dvd en la que no habrá huecos en los que de repente estarán todos juntos yendo al lago, sin saber cómo, y con tres finales alternativos. Y luego, tiempo al tiempo, harán una película o un episodio especial en el que veremos qué pasa durante el reinado de Hugo y Benjamin y la vuelta al mundo ‘real’ de los del avión. Que si se inspiran en el gran trabajo que hicieron con Prison Break, seguro que terminan de machacarnos…
Después de la retardada retransmisión de Cuatro, los tertulianos expertos aseguraban (con la cartera llena) que “esto es Perdidos”, que “no defraudará a ningún amante de la serie” y no sé qué pamplinas más. No perdamos el criterio. Estoy seguro de que muchos defenderán el final de la serie como el que defiende a su partido político o su equipo de fútbol. Pasional e irracionalmente. Y ya ha quedado demostrado que la cosa no funciona si la balanza no está equilibrada.
¿Que todo estaba escrito desde el principio? Los cojones. A vosotros, ¿qué os ha parecido?

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2 respuestas

25 05 2010
Nanadow

No sé, todo será cuestión de verlo, yo dejé la última temporada para cuando saliera el capítulo final, me toca meterme maratón este finde.
Estaba claro que TODO no podrían explicarlo pero deberían haber explicado cosas importantes, pero ya digo, habrá que verlo.

7 06 2010
nanadow

El final ya está visto y es genial.

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